Me da la impresión que cada vez que nos vemos somos como dos barcos que se cruzan en el mar uno viene y otro va, o todo lo contrarío... Escapemos entonces, y vivamos sin horarios, sin leer el diario... En el desierto nuestro tablero es el mar entero.
Dos barcos que se cruzan en el mar, y en el puerto final... Y en el puerto final...
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